He estado en la comunidad de San Miguel y Todo Los Ángeles durante dos meses. Once domingos en total. En este tiempo, he escuchado las homilías del Padre Beto y Chris, y también los pensamientos de la gente sobre los sentidos del Evangelio. Por la primera vez en mi vida, he participado en una práctica religiosa en la lengua de los antepasados del lado de mi madre. Por eso, mi experiencia cada semana he sido una conversación con el presente y el pasado, y también un poco de miedo sobre el futuro. Porque cada domingo, y también en jueves cuando yo participo en el ensayo del coro, estoy seguro que no tendrá la comprensión para comunicar mis sentimientos en el momento presente, y especialmente unos ideas sobre el Dios, Jesús, el Espíritu Santo, o la forma de cristianismo que nuestro obispo presidiendo, Michael Curry, llamado, “la rama episcopal del Movimiento de Jesús.” Padre Beto me dijo, una y otra vez, “Mateo David, no te preocupes. Tranquillo.”

Pero una y otra vez, yo me preocupo sobre los detalles pequeñitas como se fueran asuntos de vida o muerte.

Capítulo veinte, el capítulo del Evangelio de hoy, empieza––Un día que Jesús estaba enseñando en el templo y anunciando la Buena Noticia al pueblo, se presentaron sumos sacerdotes, y los letrados con los ancianos––para preguntarle sobre su autoridad, sobre el tributo al césar, y lo que escuchamos hoy, sobre ​la resurrección.Se le acercaron con un hipotético y una pregunta.

Si un hombre casado muere sin hijos, su hermano está obligado a casarse con la viuda, para dar descendencia al hermano difunto.
Después de morir (​ le preguntó)​ cuando resuciten, ¿de quién será esposa la mujer? Porque los siete hermanos fueron maridos suyos.

Cuando los saduceos le preguntaron a Jesús sobre estos asuntos de vida o muerte, estaban tratando enredar a Jesús en los detalles de la ley. Ellos estaban preocupado con el futuro. Ellos no creían en la resurrección. Pensaron que era ilógico. Imposible. Porque ¿cómo podrían replicar la institución de matrimonio en la otra vida si todos los hermanos tuvieran reclamo por esa mujer? Imagine la confusión en el cielo. La complicación. La competicion. El desconcierto de todo.

Y Jesús respondió, con la calma de un padre Beto––Mira, no saben ustedes de qué están hablando. No se preocupe. Tranquillo.

Es normal a preocupar. Hay razónes comprensibles.

La vida no siempre es segura.
No sabemos el futuro.
No sabemos lo que pasará mañana.
No sabemos, con certeza, si la ley
––la ley religiosa, la ley estatal
funcionará para nuestro beneficio o para nuestro detrimento; para nuestra vida o para nuestra muerte.

Muchas veces la ley, en este país y, históricamente, en la iglesia cristiana, no es una ley que da vida. Personas con poder han estado usando la ley para separar, o causar daño, o perpetuar injusticia.

Los políticos, por ejemplo, pueden crear una ley que justifique la separación de los niños de sus padres.
No creo que sea una ley que da vida.

Los líderes religiosos pueden decir que personas gay, lesbianas, bisexuales, transgéneros están enfermas, y legislar que no somos dignos de participar en la vida de la iglesia.
No creo que sea una ley que da vida.

Los hombres pueden justificar el sexismo institucional, ya sea en el lugar de trabajo, en nuestras tradiciones o en nuestras palabras, o también podemos justificar las leyes que legislan cada aspecto de los cuerpos de las mujeres.

Tenemos que preguntarnos: ¿son estas leyes y prácticas que dan vida?
La pregunta––¿Esto da vida o ag​o​ta la vida?–– es una pregunta importante.

En el ejemplo de mis preocupaciones, y los pensamientos de mi insuficiencia, puedo preguntarme, ¿Estos pensamientos me dan vida o me ag​o​tan vida?

La respuesta se parece simple, ¿no? Es simple para el Padre Beto ver.

Pero en la vida que yo vivo, puede ser muy difícil.

Para citar un teólogo llamado, Alejandro Duarte, que me ha ayudado esta semana––Este Evangelio nos invita a mirar la realidad desde la perspectiva de Dios.

En el reino de Dios, desde la perspectiva de Dios, somos libres.
Libres para ser hijos de Dios
Libre de todas las cosas que ag​o​tan la vida.
Libre para participar en la liberación que encontramos en el amor de Dios. Libre a causa de nuestro bautismo.

Pero primero, libre por la gracia de Dios.

En respuesta a los saduceos, y su historia absurda sobre una mujer que funcionaba como una factoría de niños para un hombre difunto, Jesús digo algo verdadero sobre Dios –– ​Dios no es Dios de muertos, sino de vivos.

Asi, Dios quiere vida en nuestras vidas, no muerte. Dios tiene una preferencia, y es nuestro floreciente. Cuando preguntamos––¿Esto da vida o agota la vida?––estamos preguntando, ¿Esto me acerca al floreciente que Dios quiere para mí, o más lejos de la experiencia de floreciente?

Dios quiere cercanía. Dios quiere nuestro participacion en la vida de Dios, en que no hay muerto. Dios quiere el floreciente de su creación, de que somos un parte.

Jesús digo que para Dios, todos están vivos, incluidos los que ya no viven. Incluyendo sueños que parecen muertos; los planes que parecen muertos; y tal vez la esperanza que parece muerta. En Dios y con Dios, existe la posibilidad de una vida nueva, llena de vida.

No tenemos que sentir vergüenza sobre el pasado, y no tenemos que sentir miedo sobre un futuro desconocido. En el presente, donde vivimos con el Espíritu Santo, podemos, por la gracia de Dios, participar en una vida en la que no nos preocupes, porque confiamos en el poder de Dios.

Y no tengo usar las palabras perfectas. Y podemos cometer errores, y lo haremos. Pero Dios siempre está invitando sus hijos a la mesa para comer, y a el momento presente para vivir.

Es un asunto de vida o muerte, y nuestro Dios no es Dios de muertos, sino de vivos.

Foto de Anita Austvika en Unsplash